10.9.09

la eternidad.

ayer, la eternidad durmió conmigo. me sorprendió mirándote las manos y sumergido en el monótono caer de las gotas de lluvia de este verano casi otoño. emergió por el túnel que navega hacia tu boca, hasta mi oído con la respiración entrecortada de quien ha desbordado sus dominios inaugurando fuegos y otra luna, la nuestra.

alguien me dice adiós, huésped de nieblas, me duele en la garganta. se evapora del suelo un aroma exótico, de plantas orientales. intenso, fugitivo, como si algún jardín desesperado estallara de nuevo. tú te arojas a mí para enterarme de los caminos del miedo.

tu cuerpo que comienza a describirse, lento, en cada movimiento, buscando el equilibrio, la conjunción perfecta del consuelo.

algo queda flotando, es un canto de sueños imposibles suspendidos por siempre como el eco final de las campanas. la eternidad abrió una enredadera en mis tobillos y la dejó fluir hasta mi frente en un ritual tan lento como si disfrutara borrándose a sí misma.

cada trozo de mí fue diferente; sin memoria, sin nombre. como si todo sucediera por primera vez.

quiero decir, la eternidad, cuando una fiebre seca desvela los viñedos y el paisaje se vuelve un racimo sediento fatalmente desnudo.

yo sólo reconozco lo rojo, sólo el deseo.

el amor es un modo de perder la razón con naturalidad, con displicencia, en el momento de sentir tus labios sobre los mios. cuando nos abrazamos; nos desborda un silencio tan cercano al llanto.

ayer, durmió la eternidad conmigo.
yo te agradezco
tu emoción en mi cuerpo
desconsolante
irrepetible
y bella.





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